LA IGLESIA QUE DIOS SUEÑA
viernes 21 mayo 2021

LA IGLESIA QUE DIOS SUEÑA

«Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijo de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón” (Hebreos 11:21).

Cuando vemos que Jacob entra en la galería de los héroes de la fe por bendecir a sus nietos apoyados en su vara (bordón), nos preguntamos: ¿Por qué fue tan importante para Dios esta bendición a las nuevas generaciones? Porque Dios sabe de la importancia de la bendición del padre cuando se comienza una nueva vida, un ministerio, un trabajo, ya que esta les abre a nuestros hijos los cielos a su favor y el poder del Espíritu Santo se desata sobre ellos. Los patriarcas del Antiguo Testamento lo sabían, y el mismo Padre Celestial bendice a Jesús cuando está por iniciar su ministerio (Lucas 3:21-22).

En Génesis 48, cuando Jacob bendice a Efraín y Manasés cruza sus manos poniendo la derecha sobre el menor y la izquierda sobre el mayor formando con sus brazos una X; lo que estaba haciendo era bendecir a la «generación X», los hijos de José vestían y hablaban como egipcios pero eran del linaje de Dios, herederos de las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Nuestras iglesias están llenándose de la generación X: jóvenes tatuados, con piercings, peinados y vestidos como los del mundo, pero hijos de Dios que han aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador. Pero muchos pastores, en lugar de bendecirlos y discipulados, los ahuyentan de sus iglesias porque no parecen cristianos conforme a sus parámetros religiosos.

La vara era muy importante en la vida de los primeros patriarcas porque allí estaba registrada su historia familiar, sus encuentros con Dios y las promesas que recibieron de parte de El. No existían las agendas ni las tabletas electrónicas, y las promesas bíblicas recién serían escritas por Moisés más de 400 años después. Cuando Jacob se apoyó en su vara lo que estaba haciendo era apoyarse en las promesas de Dios para su vida y se las transmitió proféticamente a sus nietos que parecían egipcios por fuera, pero por dentro eran pueblo escogido por Dios.

Podemos escuchar a Jacob haciendo esta declaración sobre sus nietos: «Ustedes serán como el polvo de la tierra que no se puede contar, ustedes poseerán la tierra, en ustedes serán benditas las familias de la tierra (Génesis 28), crezcan y multiplíquense porque naciones procederán de ustedes y reyes saldrán de sus lomos (Génesis 35)»; aquí vemos cómo transmite las promesas que Dios le hizo sobre la generación X, y no sobre sus hijos.

Para el avivamiento que viene sobre Argentina, nuestro Señor va a usar a una generación de jóvenes X, cuya apariencia les va a permitir introducirse a las distintas tribus urbanas sin llamar la atención, y su forma de vida Cristocéntrica va a influenciar y transformar a varias generaciones, a las cuales les cambiarán su destino de condenación por un destino de bendición en Cristo Jesús.

Estos jóvenes están destruidos interiormente por el maltrato de sus padres que los golpearon, los menospreciaron, los maldijeron y los denigraron, y vienen a nuestras iglesias en busca de una paternidad espiritual que los valore, los estime, los ame y les active todo el potencial que llevan en su interior. Por eso, estas generaciones X necesitan de las bendiciones de sus padres espirituales que los validen y les den una identidad en Cristo; estas generaciones X más que padres religiosos, que intenten cambiarles su apariencia externa, necesitan una paternidad espiritual que con amor sane sus heridas del alma, los liberen de maldiciones generacionales, desaten sus dones e influyan para que nuestro Señor Jesucristo sea formado en ellos.

Esta generación se moverá en la sobrenaturalidad del Espíritu Santo y en sus corazones arderá el fuego de la santidad; serán adoradores guerreros que instalarán el Reino de Dios y su justicia en los lugares de nuestra sociedad que solo ellos pueden alcanzar. Como mayores, debemos convertirnos en héroes de la fe y, al igual que los patriarcas parados sobre las promesas bíblicas, profetizarles a las jóvenes generaciones que Dios está añadiendo.

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