Una fe no fingida
domingo 17 marzo 2019

Una fe no fingida

“Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida y a tu madre Eunice, y ahora fe anima a ti. De eso estoy convencido” 2 Timoteo 1:5

Fingir significa “presentar como cierto o real algo que es imaginario o irreal”. Es sinónimo de simular, aparentar, mentir, embuste.

En mi niñez solíamos juntarnos con los amigos del barrio para jugar a lo que llamábamos “los pistoleros”, y era muy común que un grupo representara a los buenos, mientras que otros, a los malos; y todo el juego tenía que ver con el fingir ser lo uno o lo otro. Cuando teníamos que ir a la escuela y ese día en especial no lo deseábamos porque no habíamos completado la tarea o algo en particular que la maestra nos había pedido para el día siguiente, una forma muy picaresca de no pasar un mal momento en clase y que nuestros padres no nos disciplinaran por esa distracción, era fingir que nos dolía el estómago. Todo esto ocurría cuando éramos niños.

Lo triste y trágico es que con el correr del tiempo, en la vida cristiana, he podido observar en la conducta de algunos miembros de la iglesia el aparentar tener una vida de fe. Es decir que no es más que una simulación, ya que con su modalidad de vida niegan toda la eficacia de la fe. Aquí recuerdo La Escritura cuando dice en Hebreos 11:6: “Pero sin fe esimposible agradar a Dios”.

El apóstol Pablo le escribe a Timoteo acerca de la “fe no fingida”, porque en aquellos días se podía percibir que la corriente del espíritu de los griegos se había mezclado con la doctrina de la fe, haciendo de esta un acto de simulación. El apóstol advierte a su discípulo sobre ser arrastrado por esta ideología y le dice: “Estoy seguro de que en ti también puedo encontrar una fe no fingida”.

¿Qué características responden a una fe fingida?

En lugar de traer confianza y seguridad, provoca irritación de carácter, es decir una permanente variable de conducta según la necesidad de acomodarse ante los distintos hechos de la vida. Esto conduce a tener un comportamiento hipócrita que es lo que hace de esta fe un sistema religioso que no conduce a ningún lado.

La fe fingida hace que las personas vivan constantemente criticando y cuestionando La Palabra de Dios o su mover dentro de la comunidad.

Podemos ilustrar esta clase de fe como un árbol que aparenta grandeza con su impresionante follaje pero cuando se buscan frutos en él, no tiene nada para dar. Con su abundante follaje son los “simuladores de la fe”; al igual que la higuera que estaba “cerca del camino” a la cual Jesús se dirigió para obtener frutos y “no halló nada en ella” (Mateo 21:19).

Otros fingen con su fe porque juegan con ella, son “embusteros de la fe” que impresionan con su palabrería pero no llegan a ninguna parte. Lo lamentable de esto es que estas personas se encuentran rodeadas de gente de fe e incluso trabajan a la par de ellos, pero aun así no se dirigen a ningún lado.

Tenemos un ejemplo de ello en el criado de Eliseo, llamado Giezi (2 Reyes 5:25). Cuando el profeta Eliseo le preguntó: “¿De dónde vienes Giezi?” Él le respondió: “Tu siervo no ha ido a ninguna parte”. Aunque estaba mintiendo, en realidad estaba expresando una gran verdad: a ninguna parte.

La fe que no produce (fingida), no te lleva a ningún lugar. Se puede fingir o engañar por un tiempo, pero no todo el tiempo. Como lo hizo el apóstol Pablo con su hijo espiritual Timoteo, hoy alentamos a todos a seguir adelante, en humildad, con sentido de ubicación y sobre todo con un corazón limpio que no finge; con una total convicción y certeza de fe buscando la unidad de “propósito” en todo el pueblo de Dios de Argentina. Pronto, muy pronto… ¡la gloria de Dios se hará ver en nuestra querida patria!

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